martes, 16 de noviembre de 2010

Artículo 54 publicado el lunes 15 de noviembre de 2010 en el Diari d'Andorra


Aquí el pdf del artículo en catalán.

A continuación el texto completo del artículo en castellano:

Vivir en un mundo zombi
Los muertos vivientes se extienden de forma aplastante con el estreno de la serie de televisión
Jordi Ojeda

Saber cuáles son las claves del éxito no es tan fácil (lo que darían algunos por saberlo). A veces el azar y la concatenación de ideas se convierten en un producto singular, que el marketing después debe saber diferenciar y difundir para que realmente tenga impacto. Aún así, algunos temas son universales y pueden ser atractivos para públicos de procedencia muy diversa: por un lado, el miedo a las epidemias catastróficas es una constante en la historia de la humanidad, no olvidemos que la peste negra mató el 30 % de la población de la Europa medieval, o que la gripe española de principios del siglo XX se llevó millones de personas en todo el mundo.

Los zombis nacieron con el vudú y se popularizaron con las películas de los años treinta (recordemos títulos tan emblemáticos como Yo anduve con un zombi, donde los zombis eran convertidos en esclavos para trabajar en los campos de caña de azúcar). La magia negra, origen popular de la resurrección de los muertos, ha vivido diferentes momentos de esplendor a lo largo del último siglo con películas destacadas de autores de la talla de George A. Romero (La noche de los muertos vivientes) hasta el oscarizado Danny Boyle y su 28 Días después, que acercó el género zombi a un público generalista y masivo a las salas en 2001, modernizando el origen a los actuales virus artificiales creados en laboratorios de investigación para la lucha bacteriológica.

Por otra parte, hay otro tema también de gran atracción para todos nosotros y son las historias de personas normales viviendo situaciones excepcionales (de hecho los reality shows se podría decir que son una extensión de esta afirmación). Cuando los lectores o telespectadores nos podemos sentir identificados con los protagonistas de la historia se crea un vínculo especial que nos hace pensar sobre su destino y a la vez sobre el nuestro, como si las catástrofes fantásticas imaginadas fueran una metáfora de las catástrofes cotidianas de nuestra vida.

Estos dos factores son sin duda la clave del éxito del cómic Los muertos vivientes (The walking dead original), creada por el guionista Robert Kirkman y dibujada por Tony Moore, al que posteriormente sustituiría Charlie Adlard. Si el primer número en castellano se publicaba en junio de 2005, apenas se acaba de editar el duodécimo (cada uno de 134 páginas), y ha coincidido con un relanzamiento internacional debido a su adaptación televisiva, con seis capítulos que apenas se acaba de estrenar (en España se estrenó el primer episodio en el canal Fox el viernes 5 de noviembre, tan sólo una semana después del estreno americano).

Los 12 números publicados en castellano hasta el momento (prácticamente al mismo nivel de la publicación original americana) han vendido ya más de 120.000 ejemplares, y con el impacto del estreno de la serie de televisión se han vuelto a reeditar los primeros números, así que es previsible que los números de venta aumenten considerablemente.

La serie se centra en lo que sucede después de los finales habituales de muchas obras del género (sean cómics, novelas o películas), así que los protagonistas absolutos son los supervivientes que han de vivir en un mundo plagado de zombis, con unas nuevas reglas y, sobre todo, en un mundo de escasez, sin electricidad, sin comida, con el riesgo continuo de los no muertos y a la vez de otros supervivientes, compañeros de viaje o bandas atacantes.

Los protagonistas son familias, hombres, mujeres, niños... todos con un pasado que ya no existe y con un futuro lleno de incertidumbre ante el mayor de los temores posibles: la llegada del fin del mundo. La tarea realizada por el guionista ha sido fundamental para desarrollar la personalidad de los diferentes personajes, con unos diálogos muy verosímiles ya la vez planteando continuamente situaciones que permiten mantener la atención del lector. El autor avisa de arcos argumentales de larga duración, que sólo tiene el problema de la intermitencia de la publicación, aceptado por los aficionados por la calidad del dibujo, un impactante blanco y negro tocado por los grises de Bill Crabtree, que sin duda contribuye a transmitir las sensaciones y emociones que viven los personajes en este particular mundo zombi.

Matar o morir ... 28 días después
La película que recuperó el género zombi, dignificándolo y abriendolo a un público masivo, sin duda fue 28 Días después, de la que se llegó a hacer una secuela con el nombre de 28 Semanas después, dirigida esta vez por el canario Juan Carlos Fresnadillo, elección arriesgada pero bien resuelta con un acabado muy competitivo que no desmerecía la primera parte.

Planeta publica este mes la obra 28 Días después: London Calling, que narra las aventuras de una de las supervivientes de la primera película y sirve para enlazar los sucesos acaecidos entre las dos películas. La protagonista realiza un viaje por Gran Bretaña en un país donde la infección se ha extendido por todo el territorio.


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