jueves, 3 de octubre de 2013

Citado en el articulo "Aquellos científicos de tebeo" de PepoJiménez @kurioso para @Cienciaxplora

Artículo publicado en la página Cienciaxplora, os dejo el link y a continuación el texto completo del artículo publicado
LA LABOR PEDAGÓGICA DE LAS HISTORIETAS

Aquellos científicos de tebeo



Nunca olvidaré al mejor profesor que he tenido en mi vida. El hombre que mejor estimuló y alimentó con sus experimentos mi capacidad de aprendizaje, mi pasión por la creación y por el hecho científico.


Pepo Jiménez | @kurioso  |  Madrid  | Actualizado el 03/10/2013 a las 00:30 horas


En una edad donde los niños sólo apuestan a ser superhéroes existió un maestro que atusó y dilató la ‘esponja cognitiva’ de mi cerebro para evitar su abotargamiento. No era un profesor cualquiera. Acariciaba el lado cotidiano, extremo y costumbrista de la ciencia para excitar la curiosidad de todos sus ojipláticos alumnos. Su laboratorio era un parque de atracciones. Monedas cuadradas para evitar perderlas, el aparato limpia narices o sus famosos melones cúbicos que gracias a su indiscutible talento se fabricarían años más tarde. Era el Profesor Franz de Copenhague, el de los inventos del TBO

No miento. Hay una cultura del menosprecio a la indiscutible labor pedagógica de la lectura ‘en colores’ del tebeo y derivados. Mucho antes de sobar hasta la extenuación los cuadernos caligráficos Rubio o las novelas iniciáticas de Salgari, cualquier niño tendrá su primer encontronazo inevitable con el conocimiento en los sencillos bocadillos de un cómic, en las trazas de sus primeros héroes de colores, o en los personajes que juegan a enseñar una forma distinta de ver y comprender la ciencia. Este es un sentido homenaje a todos ellos.

No. No hace falta rigor o método científico para despertar en un niño la pasión por la ciencia. Al contrario. El amaestramiento está programado con calzador durante toda la preadolescencia. El cómic es sólo un espacio para cultivar, en absoluta libertad, los brotes verdes de la imaginación y sazonar ese desencanto teórico. Imprescindible ejercicio de estímulo pedagógico.

Que se lo digan al Profesor Bacterio. El antihéroe científico, el Dr Moreau de Mortadelo y Filemón que nos enseñó que los experimentos hay que probarlos primero con los compañeros,... por si no funcionan; a sacar provecho a los que acaban funcionando al revés (como el sulfato atómico); o a no perder nunca la autoestima a pesar de que TODOS sus inventos fueran un absoluto fracaso. Amo a Bacterio como amo al Coyote, del Correcaminos. Personajes nacidos para fracasar eternamente pero que te enseñan a sobrevivir al abismo de la frustración a través de la experiencia que da intentarlo una y otra vez. Sin decaer. Es imposible no identificarse con ellos.

Pero no todos son antihéroes de ciencia obtusa. Existen pseudocientíficos cuerdos y ejemplares. Un oxímoron que también funciona muy bien en el comic. Mi preferido es Panoramix, el druida de Asterix; la joya de la corona de la bande dessinée. Probablemente la piedra angular de la moralina gala. Casi nunca pelea, casi siempre aconseja. Tiene el secreto que da sentido a toda la historia y su sabiduría -que no la fuerza- es la encargada de custodiarlo (mensaje para fascistas y neonazis).  Siempre al margen, siempre omnipresente, era el encargado de la educación -y por lo tanto valedor y preceptor- de todos los integrantes de la aldea, los primeros superhéroes del cómic europeo…¡Respect!

También hay científicos malvados que marcaron época. Después de 30 años aún tengo pesadillas con el pérfido Doctor Infierno, de Mazinger Z. Un científico tentado por el otro lado -humano- de la ciencia; la ambición y el poder para dominar el mundo con inventos generados por el conocimiento. Otro mantra-manga. En este caso la reprogramación de unos robots descubiertos en la isla de Rodas. Afortunadamente siempre habrá un científico más listo y racional que tú para desmontar tus instintos megalómanos. El profesor Jūzō Kabuto.

Y errores, muchos errores e imprecisiones ¿Acaso la licencia ociosa no permite manga ancha? El mismísimo Popeye -el marinero hipermusculado de Elzie Crisler Segar- basa su poder en un error cometido por un científico. El químico alemán Erich von Wolf investigaba a finales del siglo XIX las cantidades de hierro en frutas y verduras cuando olvidó una coma en sus estadísticas finales. Otorgando 10 veces más de cantidad a las espinacas que la que realmente tienen. La distribución de las tiras cómicas del personaje aumentó el consumo de espinacas un tercio sólo en los Estados Unidos. Tanto que la mayor empresa fabricante del país erigió un monumento al célebre marinero sin saber que, para una mejor fuente de hierro, Popeye debería haber masticado las latas de su producto.
Casi todas las grandes joyas de la historia del cómic han basado su prestigio y calidad en la divulgació científica y perfeccionismo documentalista para atraer a un lector obsesionado con aprender divirtiéndose. Tintín se adelantó 15 años a la conquista lunar en su memorable ‘Aterrizaje en la Luna’ donde su papá Hergé se atrevió a aventurar la existencia de agua en el satélite, descubrimiento confirmado por la NASA 50 años después. ¿Y el Profesor Tornasol?... El profesor era un entrañable personaje de la serie de Hergé basado en uno de su mejores amigos, el inventor -del batiscafo- suizo Auguste Piccard. El autor haría referencia a su invento en El tesoro de Rackham el Rojo.

Tintín y Asterix guardan el verdadero secreto de su éxito en la crítica mordaz a los estereotipos de la época en su doble lectura. Esto ha generado cientos de análisis y tesinas al respecto. A través de sus historietas se ha dado un repaso monumental al comunismo, al capitalismo, al tráfico de armas, a las guerras mundiales, al racismo y la esclavitud…y siempre con cierto rigor científico. Para Asterix España es un país barato del sur lleno de salvajes, de pasiones extremas y donde los del norte van de vacaciones; los ingleses son gente educada que bebe agua caliente y comen todo hervido. Los griegos tienen muchos primos.

Y rematamos con el cómic norteamericano. La excelencia del sueño americano hay que cultivarla desde niño con grandes dosis de ciencia y tecnología dosificada entre las barras y estrellas. Según Jordi Ojeda, director del proyecto divulgativo Cómic, Ciencia y Tecnología:

“El discurso viene dado por el Gobierno de los Estados Unidos, que a finales de la década de los cincuenta, en plena guerra fría, propone a las editoriales que introduzcan motivos científicos en las aventuras para fomentar esta clase de vocaciones en los niños y, así, poder competir con la Unión Soviética”

Spiderman, Hulk, La bestia, El doctor muerte, El hombre fantástico, El hombre hormiga, La cosa del pantano... parece que la carrera de superhéroe incluye alguna que otra licenciatura científica. Todos ellos lo son. En general, la serie de la edad de plata de los comic-books norteamericanos tienen su modus operandi científico-tecnológico para vestir de credibilidad a sus guiones de fantasía.


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