Ah, i s'accepten peticions per a futurs articles...
Si has llegado aquí por el título del
artículo: «Una justicia corrupta al servicio de una policía corrupta», tengo
que decir que no era mi primera elección. El titular que tenía pensado escribir
era: «¿Quién vigila a los vigilantes?». Contundente pero, claro, no sería ni
mío ni sería original.
Quien recuperó esta frase, «¿Quién vigila
a los vigilantes?», fue el guionista y escritor Alan Moore en su obra Watchmen
(1986), dibujada por Dave Gibbons. Considerada como una obra maestra del cómic,
pudimos disfrutar de su adaptación cinematográfica en 2009 (probablemente, una
de las mejores películas de superhéroes de todos los tiempos), y de la serie de
televisión de 2019 inspirada en este universo, pero en este caso sin basarse en
un relato del guionista original.
Moore perseguía hacer la obra definitiva
de los superhéroes, construir un relato adulto que reivindicara el género,
introduciendo debates morales sobre la justicia y, especialmente, sobre la
percepción de la autoridad y la estrecha relación entre el juez y el verdugo.
La obra la escribió en su ciudad, en Northampton, en el Reino Unido, durante el
mandato de Margaret Thatcher como primera ministra. Pero la historia acontece
en Estados Unidos apareciendo, entre otros, referencias explícitas a la guerra
de Vietnam (con un desenlace a la obra diferente del real, justamente por la
presencia de los superhéroes).
Con todo ello, el cómic supuso un
ejercicio de reflexión sobre la autoridad, sobre la aceptación de lo que pueden
hacer los que tienen el poder de ejercer la autoridad y sobre cómo lo aceptamos
como sociedad. La observación de los hechos y la reflexión de los resultados
puede incidir, a posteriori, en una demanda de responsabilidades a estas personas
que tienen la autoridad, y es aquí donde aparece la famosa frase que da pie al
nombre de la obra de Moore y Gibbons : «Who watches the Watchmen?», en castellano,
«¿Quién vigila a los vigilantes?».
La obra se convierte en una visión de la
moral de la autoridad de la sociedad del momento, de sus excesos y de sus
debilidades, y de cómo todo vale para justificar sus acciones. De aquí a las
teorías de la conspiración, a la cultura del miedo a la sociedad y a un cambio
de paradigma de los valores que aceptamos como normales en nuestra sociedad.
Por eso votamos lo que votamos hoy en día, aquí y en todas partes.
Pero hemos empezado el artículo diciendo
que Moore en realidad recuperó la frase, y la recuperó del latín: «Quis
custodiet ipsos custodes?». Esta locución se hizo popular en las sátiras del
poeta romano Décimo Junio Juvenal (que vivió a finales del siglo I), en
concreto en la sexta sátira. La frase original hace referencia a la dificultad
de que las mujeres tengan un comportamiento moral apropiado debido,
precisamente, a la corruptibilidad de los hombres que las custodian. Tal cual.
Es una dura crítica a la infidelidad, en especial la de las mujeres casadas que,
en la antigua Roma, eran legalmente dependientes de los hombres (no podían
poseer tierras o dinero y sus maridos, padres o hermanos eran considerados sus
tutores).
En este contexto, Juvenal consideraba los
esposos como vigilantes de las acciones inmorales de las mujeres y utiliza la
frase «quis custodiet ipsos custodes?», para señalar que, si bien los hombres
supervisaban las acciones de sus esposas para evitar que ellas cometieran actos
inmorales, no había nadie vigilando los maridos para evitar que ellos mismos
cayeran en estos errores.
Si bien Juvenal mostraba la inmoralidad de
la sociedad romana hace dos mil años, esta frase en concreto ha sido empleada
con posteridad para esbozar la contrariedad que conlleva la corrupción al
frente de los que ocupan altas dignidades. Moore adapta esta sentencia en su
momento (recordemos que eran los ochenta del siglo veinte), y muestra de forma
reiterada la sentencia «Who watches the Watchmen?» en grafitis en las paredes
de la ciudad de Nueva York, que es donde acontece la historia original del
cómic.
El grafiti «¿Quién vigila a los
vigilantes?" aparece varias veces en el cómic (aunque no se acaba de ver
del todo entera), y son consecuencia de la aprobación de una ley que prohíbe
las actividades de los héroes, impulsada por las protestas de los ciudadanos y
una huelga de policías. Por tanto, el grafiti es una muestra del cambio que se
ha producido en la opinión pública al dejar de reconocer esta autoridad. Una de
las frases más contundentes se produce entre dos superhéroes que acaban de
tener un altercado con unos manifestantes, cuando uno le pregunta al otro: «¿De
quién los estamos protegiendo?", y el otro le contesta: «De ellos mismos
».
Algunas personas atribuyen la
frase/pregunta de Juvenal en su sexta sátira al filósofo griego Platón, pero no
fue exactamente así. En su obra La República, uno de los personajes, Sócrates,
habla con Platón sobre la sociedad perfecta y hacen referencia a la clase
gobernante, como aquella encargada de proteger la ciudad. Pero Sócrates va más
allá y le pregunta a Platón: "¿Quién protegerá a los protectores?», y
Platón le responde: «Ellos se cuidarán a sí mismos».
Para Platón, los "guardianes" de
la sociedad tienen que convencer de ser mejores personas que a aquellos a
quienes prestan sus servicios y, por tanto, su compromiso para con ellos será
ejemplar. Tendrán los vigilantes o guardianes de la sociedad esta alta
dignidad, sintiendo aversión por los privilegios y las prerrogativas y llegarán
a tan altos cargos sólo aquellos que posean un conocimiento de gobierno fundado
en lo ecuánime, en el recto, en el más sublime sentido de lo equitativo, de tal
manera que actuarán desprendidos de toda ambición y codicia de poder... eso
decía Platón hace unos dos mil trescientos años por lo menos.
El gran debate histórico de las sociedades
ha radicado en establecer hasta dónde debe llegar el poder último. Hay quien
considera que, en las modernas democracias, este problema se disipó con la
separación de poderes, consagrada en la obra El espíritu de las leyes (1748) de
Montesquieu, que ordenó y distribuyó las funciones del Estado y la figura de
los gobernantes de los antiguos estados, poniendo al frente a aquellos que forman
parte de las tres ramas del poder público, es decir, las personas que ocupan los
más altos cargos del poder: el ejecutivo, el legislativo y el judicial.
Los grafitis en las paredes del cómic de
Moore y Gibbons evocan el grafiti en forma de espiral, símbolo del personaje de
ficción conocido por Jigsaw (rompecabezas en catalán), de la saga de Saw, de la
que ya se puede ver su novena película, que funciona como relanzamiento de la
franquicia en aparecer un relevo del mítico John Kramer, que había muerto años
atrás.
La película Spiral: Saw (Spiral: From the
Book of Saw, 2021), dirigida por Darren Lynn Bousman e interpretada en sus
papeles principales por Chris Rock y Max Minghella como detectives en activo de
la policía, por Marisol Nichols como actual capitana de la comisaría, y por
Samuel L. Jackson como antiguo capitán y padre del primero, supone una
actualización de Jigsaw y de sus motivaciones.
Si en la saga original, la búsqueda de la
redención era el detonante de las acciones del rompecabezas, esta vez la saga
adapta a los tiempos actuales, y el nuevo Jigsaw se encarga de los policías
corruptos, que han actuado durante años impunemente amparados por una justicia
que se lo permite y una endogamia corporativa que potencia la podredumbre del
cuerpo. El debate moral sobre el mal o sobre el sistema que permite que se haga
el mal sin castigo es extremadamente de actualidad. También el discurso de
quien se puede tomar la justicia por la mano o si el juez puede ser verdugo a
la vez... todo muy relevante hoy en día.
El cine fantástico, una vez más, nos ayuda
a reflexionar sobre nuestra sociedad desde una vertiente filosófica. No os
dejéis deslumbrar por los que os venden una película de terror y de gore. La
reflexión es profunda si te animas a participar.