martes, 19 de abril de 2022

Article a @ElCinefilCat «Persones il·legals, mercaderies legals»

«Persones il·legals, mercaderies legals»


El meu article número 107 a la revista virtual "El Cinèfil, la revista de cinema en xarxa i en català" (i gratuïta).

Amb motiu de l'estrena de la pel·lícula es pel·lícules L’home que es va vendre la pell (The Man Who Sold His Skin, 2020), de la directora tunisiana Kaouther Ben Hania, dedico l'article a parlar dels diferents temes que planteja, a partir de la inspiració d'un fet real: l'obra d'art viva Tim. 

Teniu l'article, en català, al següent enllaç:



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A continuación tenéis el artículo traducido al castellano:

Personas ilegales, mercancías legales

La directora Kaouther Ben Hania satiriza el arte moderno en El hombre que vendió su piel

Jordi Ojeda

La primera película nominada a los premios Òscars por Túnez fue L’home que es va vendre la pell (The Man Who Sold His Skin, 2020), que ha tardado dos años en llegar a nuestras salas de cine, también en versión doblada al catalán. Dirigida por Kaouther Ben Hania, en esta segunda obra de ficción (tras varios documentales y cortometrajes) da su salto internacional con una historia inspirada en la realidad, en concreto en la obra viva Tim (2006-2008) del pintor belga Wim Delvoye.


El suizo Tim Steiner se dejó tatuar la espalda (con una virgen rodeada de varios motivos culturales), a cambio de utilizar su cuerpo, como si de un cuadro se tratara, durante unos días al año para ser exhibido en exposiciones junto a otras obras de arte, él sentado en una silla, de espaldas al público, durante unas seis horas diarias... mientras esté vivo, ya que cuando muera, su piel pasará a ser propiedad del coleccionista que pagó por ella en su momento (aún vive, así que de tanto en tanto podemos verlo en algún museo o galería en alguna parte del mundo).


 La directora tunecina utiliza esta idea de fondo para construir un nuevo discurso, más complejo y provocador, que va más allá de la reflexión sobre el arte contemporáneo. La sinopsis de la película la presenta así: “Sam Ali, un joven sirio sensible e impulsivo, abandona su país poniendo rumbo hacia Líbano huyendo de la guerra. Para poder viajar por Europa y vivir así con el amor de su vida, acepta tatuarse la espalda a manos de uno de los artistas contemporáneos más importantes. Tras convertir su cuerpo en una prestigiosa obra de arte, Sam comprende poco a poco que su decisión implica todo lo contrario a lo que él deseaba en un principio: la libertad».

Con esta premisa, destaco a continuación algunos de los temas que aparecen y que invitan al espectador a reflexionar:

- El primer aspecto, sin duda, es la satirización del arte moderno. Qué es arte y que no lo es, ahí está el dilema. Es más, podría añadirse: quien dice lo que es arte y lo que no lo es. En la película parece que el propio pintor (también belga) es consciente de la sátira que él mismo construye y se aprovecha en su beneficio, conociendo las reglas del mercado y sus debilidades. Trabajo impecable en el guión y en el desenlace final que, por motivos obvios, no podemos comentar.



-          El segundo aspecto lo constituye la adaptación del mito de Fausto a la actualidad: ¿dónde está el límite de la acción humana y qué estarías dispuesto a vender o a hacer? La parábola del pacto con el diablo nos lleva esta vez a ficcionar un caso real (que entendemos que lo hizo por dinero) pero adaptado al protagonista de la ficción, en este caso, un sirio que se encuentra refugiado en Líbano y que desea viajar en Europa para reencontrarse con su amada. «Yo puedo ofrecerte una alfombra voladora para viajar libremente» le dice el pintor, una proposición imposible de rechazar.


-          El tercer aspecto nos lleva a la libertad real, inexistente en un país autoritario como Siria. El protagonista se manifiesta en voz alta a favor de la libertad en un concurrido vagón de tren, encontrando rápidamente la complicidad del resto de viajeros, tan cómplices que le graban en vídeo y lo hacen viral, convirtiendo al contento enamorado en una persona contraria al régimen provocado por su incontinencia verbal y crítica. De enamorado a revolucionario, de famoso viral a enemigo de la patria.


-          El cuarto aspecto está asociado a convertir en mercancía a un refugiado (con la guerra de Ucrania hemos descubierto, sin tapujos, que hay refugiados de primera y de segunda categoría). En la película, el pintor decide tatuar en la espalda un visado Schengen, a modo de metáfora: mientras que el refugiado no tiene permiso para viajar a Europa, la obra de arte sí que lo tiene (su espalda) y, por tanto, como mercancía sí que podría viajar más fácilmente que un ser humano. El visado Schengen es un documento oficial que permite la libre circulación entre los veintiséis países que forman el conocido como espacio Schengen (acuerdo firmado en la ciudad de Schengen en Luxemburgo en 1985 y en vigor desde 1995). Los países participantes aplican normas comunes para controlar las fronteras exteriores y también en materia de visados y cooperación entre los servicios policiales y judiciales en el ámbito penal. 

- El quinto aspecto tiene que ver con todos los anteriores: la inmoralidad de nuestra sociedad, movida por el dinero, donde ni el arte se escapa y, mucho menos, los coleccionistas, más preocupados por la especulación de la obra que no por su belleza. La inhumanidad de todo ello queda patente en dos personajes claramente estereotipados: la agente del artista, interpretada por la actriz Monica Bellucci, preocupada especialmente por el dinero y el negocio, como si estuviéramos hablando de una moderna forma de esclavitud, y el técnico de la compañía aseguradora, curiosamente interpretado por el pintor Wim Delvoye (pues sí, el creador de la obra Tim), un agente preocupado para quede claro cuándo debería pagar el seguro y cuándo no, por ejemplo, si tiene un accidente y se estropea la piel de la espalda por una herida o una quemadura o, imaginad, por una explosión. La paradoja del capitalismo: el valor de los objetos frente a las necesidades de las personas.

Hay otros temas subyacentes, como el paradigma de considerar a Europa como el lugar donde ir pensando en todas las ventajas que tienen (tenemos) los ciudadanos, o como la facilidad en que nos pueden manipular y engañar a través de las redes sociales, o la falta de ética de la sociedad, pero para reflexionar sobre estos temas os invito a que veáis la película para tener argumentos para pensar en ellos. Toda la película funciona como un espejo en el que podemos ver reflejados a los protagonistas, pero también nuestro propio reflejo.

En cualquier caso, hay un último aspecto fundamental que merece la pena destacar: el papel de la mujer en Siria. Al inicio de la película vemos cómo la novia del protagonista le recrimina que se sienten juntos o demasiado juntos en el tren, no sea que alguien los vea ya que no son pareja formal todavía. Y, poco después, la vemos aceptando un matrimonio de conveniencia con el objetivo de huir del país y vivir en Bélgica, vislumbrando también la trampa que supone estar casada sin amar y con un marido controlador y antipático. La historia es, en realidad, una fábula y se evidencia en la película cuando el refugiado sirio le dice al artista en el bar: «No puedo estar con la mujer que quiero porque ha sido secuestrada por un monstruo y necesito un caballo para a rescatarla».


 Precisamente, la anterior película de la directora se convirtió en una denuncia al trato de la mujer en Túnez. Inspirado en un suceso real, la película La Belle et la Meute (Aala Kaf Ifrit, 2017), basado en el libro testimonial Coupable de avoir été violée (2013) de Meriem Ben Mohamed, escrito con la ayuda de la periodista Ava Djamshidi (si no me equivoco, el libro Culpable de haber sido violada no ha sido traducido ni al castellano ni al catalán, la película se puede encontrar también con el título Beauty and the dogs, es decir, «la bella y los perros», pero ahora lo hubiéramos traducido por «la bella y la manada», y más sabiendo que eran agentes del orden público los violadores). La película, que en Barcelona la pudimos ver en el Ohlalà Festival de cine francófono de Barcelona, ​​narra la violación de una joven tunecina en septiembre de 2012 por parte de dos agentes de policía cuando ella paseaba por la noche, en la playa, con un joven que acababa de conocer en una fiesta en un bar cercano, mientras que, a su vez, el joven era apaleado por un tercer agente.

Además de la violencia física y moral de la agresión sexual a la mujer, hay que añadir la violencia institucional, tanto policial, como sanitaria, como judicial... todo un suplicio machista que debe sufrir la víctima una y otra vez. Por un lado, los impedimentos en la comisaría para poder denunciar, teniendo en cuenta que la denuncia debe hacerla a quienes la han violado. Por otra parte, la humillación al ser atendida en el hospital, médicos que intentan proteger a los culpables. Y, por último, la acusación de que ella era la responsable de lo que ocurrió al provocar que los hombres se comportaran de ese modo. Todo un verdadero infierno que indujo un clamor en el país, cuyos tunecinos se movilizaron masivamente para apoyar a la víctima, convirtiéndose en un símbolo de las violaciones de los derechos de las mujeres.

La obra de la directora Kaouther Ben Hania es fruto de la revolución tunecina que comenzó a finales de 2010 y estalló en 2011 con el derribo del gobierno autoritario y la convocatoria de elecciones libres en el país. Es una obra de denuncia, trascendental, de compromiso con la declaración de derechos humanos, pero también es una obra de supervivientes, encarnados en la mujer violada o el refugiado convertido en mercancía, pilares de la exaltación de la dignidad y de la libertad.

Hay una última cuestión que nos planteamos los cinéfilos, el porqué esta película tarda dos años en estrenarse en nuestras salas de cine o porque la anterior película de la directora ni siquiera se ha estrenado. Éste también es un tema de debate interesante y, quizá, también deberemos mirarnos al espejo para saber la respuesta.


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